Autismo y TDAH: Parecidos que confunden, diferencias que iluminan
En muchos hogares, padres y madres se preguntan por qué su hijo tiene ciertas conductas diferentes. ¿Es falta de atención o algo más profundo? ¿Es que no entiende o simplemente no puede controlar sus impulsos? En esa búsqueda de respuestas, dos términos aparecen con frecuencia: autismo y TDAH. Y aunque pueden parecer similares en algunos aspectos, sus raíces y manifestaciones son muy distintas.
¿Qué tienen en común?
Tanto el Trastorno del Espectro Autista (TEA) como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) afectan el desarrollo neurológico. En ambos casos, los niños pueden mostrar dificultades para concentrarse, seguir instrucciones, o regular sus emociones. También pueden tener problemas en la escuela o en las relaciones sociales.
Por eso, no es raro que un niño con autismo sea diagnosticado primero con TDAH, o que uno con TDAH sea observado como “muy sensible” o “rígido”, características propias del autismo.
Pero la clave está en mirar más allá de las conductas y entender por qué ocurren.
Las diferencias que hacen la diferencia
1. Mundo interno y percepción del entorno:
- Autismo: Las personas con TEA procesan el mundo de forma única. Pueden ser muy sensibles a los ruidos, luces o texturas. Tienden a enfocarse intensamente en sus intereses y pueden tener dificultad para interpretar señales sociales (como gestos o tonos de voz).
- TDAH: El problema principal es con la atención, el control de impulsos y la hiperactividad. Perciben el entorno como una cascada de estímulos y les cuesta mantenerse centrados, incluso si quieren.
2. Comunicación:
- Autismo: Puede haber retrasos en el lenguaje o formas muy particulares de comunicarse. Algunos niños repiten frases, evitan el contacto visual o tienen dificultades para mantener una conversación recíproca.
- TDAH: El lenguaje suele desarrollarse normalmente, aunque pueden interrumpir, hablar sin parar o desviarse del tema por la impulsividad.
3. Rutinas y flexibilidad:
- Autismo: Les cuesta mucho adaptarse a los cambios. La rutina es una fuente de seguridad, y pueden angustiarse si algo se altera.
- TDAH: Son más impulsivos, suelen aburrirse con la rutina, y buscan constantemente estímulos nuevos, lo que los hace menos predecibles pero más flexibles.
¿Pueden coexistir?
Sí. De hecho, es bastante común que un niño tenga ambos diagnósticos. Esto requiere una mirada cuidadosa y personalizada, porque cada niño es único, y su combinación de síntomas también.
Lo importante: ver al niño más allá del diagnóstico
Etiquetas como “autismo” o “TDAH” pueden ayudar a encontrar herramientas y apoyos adecuados. Pero lo esencial es recordar que detrás de cada diagnóstico hay un niño con fortalezas, emociones, sueños y una manera particular de ver el mundo.
Como adultos, nuestro papel no es corregir lo que son, sino comprenderlos y acompañarlos. Con paciencia, amor y las herramientas adecuadas, es posible que ese niño brille con luz propia, y que tú como madre, padre o educador, también te transformes en el proceso.
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